Victoria, mi amor:
No sé exactamente por dónde empezar, porque cuando intento explicar lo que siento por ti siempre termino descubriendo que las palabras se me quedan pequeñas.
Recuerdo aquella primera vez que te vi en la universidad. Me pareciste una chica única, diferente a cualquier otra. No sabía nada de ti, no conocía tu voz, tus ocurrencias ni esa manera tan tuya de ver el mundo, pero algo me hizo fijarme en ti.
Y lo más curioso es que durante más de dos años me quedé enamorado en silencio, sin siquiera atreverme a hablarte. Quién diría que después terminaríamos quejándonos juntos de las materias de la universidad, compartiendo conversaciones y descubriendo poco a poco todo lo que había detrás de aquella chica que tanto me había llamado la atención.
Cuando finalmente te conocí, descubrí que eras todavía más maravillosa de lo que había imaginado. Me enamoré de tu inteligencia, de tu autenticidad, de tu personalidad y de esa forma tan particular que tienes de hacer las cosas. A veces eres un poquito torpe, otras veces haces que cosas que para mí son complicadísimas parezcan pan comido, y muchas veces simplemente me sorprendes.
Me enamoré de ti, no de una idea que había construido en mi cabeza, sino de la persona que realmente eres.
Recuerdo nuestra primera cita. Te invité a ayudarme a comprar una guitarra eléctrica y terminamos viendo Avatar 3. Yo estaba bastante nervioso, aunque seguramente intentaba disimularlo. Sin embargo, tu manera de ser hizo que poco a poco me sintiera más cómodo, más seguro y más libre.
Contigo he descubierto que crecer no significa abandonar todo aquello que nos hace felices. Que ser adulto no significa dejar de hacer tonterías, jugar, reírse por cosas absurdas o comportarse de manera infantil de vez en cuando. Me has enseñado que puedo ser yo mismo, incluso en esas partes de mí que antes pensaba que debía esconder.
Y me encanta que podamos ser así juntos.
Amo tu sonrisa. Amo tus ojitos cuando me miras, tus cachetitos, tu carita y esa expresión que pones cuando tienes sueño. Amo abrazarte, sentir tu piel junto a la mía, tus labios y todas esas maneras extrañas en las que terminamos besándonos. Amo incluso esos pequeños momentos en los que simplemente te quedas dormida y puedo contemplarte.
Amo tu independencia, que quieras resolver las cosas por ti misma, que seas capaz de enfrentarte a situaciones que a mí me cuestan tanto. Amo que quieras cuidarme, que a veces intentes tratarme como una princesa y que podamos intercambiar esos papeles sin que importe demasiado quién debería hacer qué.
Amo nuestra espontaneidad. Que podamos planear una cosa y terminar haciendo otra completamente diferente. Que nuestras citas tengan misiones secundarias inesperadas, que yo pueda acompañarte en las tuyas y tú en las mías. Me encanta que construyamos recuerdos incluso cuando no teníamos planeado hacerlo.
Quiero conocer lugares contigo, viajar, probar comidas nuevas, descubrir cosas, aprender juntos, tener aventuras, cumplir sueños y también compartir esos días en los que no hagamos absolutamente nada. Quiero acompañarte en tus proyectos, celebrar tus logros, apoyarte cuando las cosas se compliquen y permitirte acompañarme también en los míos.
Quiero seguir descubriendo todas esas versiones de ti que todavía no conozco. También quiero que desarrollemos nuestra propia telepatía: mirarnos y entender exactamente lo que el otro está pensando, compartir una neurona y tener esas coincidencias tan absurdas que solamente nosotros entenderíamos.
Recuerdo cuando comencé a decirte que cada día te amaba un mundo más. El 8 de septiembre de 2026 nació esa manera nuestra de contar el amor: mil mundos, mil y un mundos, mil y dos mundos... No quiero que sea solamente una cifra. Quiero que sea una historia que podamos seguir contando, con un mundo nuevo cada día para encontrar otra razón para enamorarme de ti.
Me encantaría compartir mi vida contigo. No porque crea que todo será siempre perfecto, sino porque quiero que podamos construir algo que evolucione, que aprenda, que se adapte y que se vuelva más fuerte con el tiempo. Quiero ser tu compañero de vida: construir sueños, decidir juntos qué queremos para nuestro futuro y acompañarnos en el camino.
Y ahora quiero explicarte algo sobre tu apodo. Te llamo Buga porque mi flor favorita es la bugambilia. Quería darte un nombre relacionado con algo que me gustara, pero con el tiempo encontré en esa flor una manera preciosa de describirte. La bugambilia puede tener muchos colores y seguir siendo una misma flor. Y tú eres así para mí: una persona llena de matices, facetas, sorpresas y cosas maravillosas que nunca termino de descubrir.
Tú tienes tus girasoles y yo mis bugambilias. Me gusta pensar que hemos encontrado la forma de cultivar un jardín juntos. Y me encanta que, cuando ves una flor por la calle, te la pongas detrás de la oreja. Es uno de esos detalles pequeños que hacen que te quiera todavía más.
No sé si algún día consiga explicarte completamente lo que siento por ti. Probablemente no. Pero quiero seguir intentándolo con palabras, detalles, abrazos, aventuras y cada uno de esos pequeños mundos que te prometo diariamente.
Gracias por haber coincidido conmigo en esta vida. Gracias por permitirme conocerte, por ser tú y por dejarme formar parte de tu mundo.
Espero que lo nuestro sea un sempiterno. Que podamos mirar atrás dentro de muchos años y encontrar que seguimos teniendo esa misma complicidad, esas mismas ganas de hacer tonterías y esa emoción de descubrir algo nuevo juntos.
Te amo, mi Buga.
Te amo mil mundos, y mañana uno más.
Con todo mi amor. ❤️